del sueño y sus noches
para no ver los espejos rotos,
los reflejos de lo efímero
y los cuentos empolvados.
Confieso que enredaría
las sábanas a la garganta de tu recuerdo
en tanta ausencia a oscuras,
declarando la guerra a batallas perdidas
entre trincheras de olvido
y lágrimas en la recámara.
Confieso que vendería mis pasos
para no caminar sobre mojado,
para no retomar otro verso
mientras estés en cada letra presente.
Josefina R. Aldecoa
La fuerza del destino
Para decirte quién soy
no hacen falta los verbos ni los mapas.
Los pomos de cada puerta,
con las caricias que no he dado
te hablarán
de las que aguardan ser correspondidas.
En el camino que avanzo
se vislumbra la lucha entre un punto final
y los suspensivos,
el proyecto de un verso aún por escribir
y el miedo
a unas cenizas sin nombre
si me alejo del hogar.
Cuando el amor
no sea jamás ese paso huérfano en la nieve,
ni la reencarnación me lleve a los errores
cometidos en el pasado,
lograré delimitar mi silueta
para soltarla al viento,
para ser mi mundo.
En un momento, los alísios hacen girar la llave que impulsa la huída. Mientras la ventisca continúe, intentará que las cenizas encendidas no le abrasen las escasos sueños que aún poseen sus alas.


besan los tallos y niegan la tierra,
es porque buscan empaparse en su verde.
Así como el rocío sueña con una mañana
incapaz de secarle la vida,
así el viento mece y conserva las hojas
en las pupilas del que la aguarda.

Amicitia,
sin sauces
vacía de espinas te me entregas
entre cantos de Artemisa.
A ti
que duermes las nieves del dolor,
recoges mis cenizas antes de renacer
- de nuevo -
y me siembras esperanzas en las retinas
a ti
que me adormeces las fieras,
alimentas los años y guías sonrisas,
me acunas y despiertas
te canto
con afan de corresponderte.
las ruinas que se escapan por las aceras
y siguen aún de cerca
mis pasos.
No me quedan más vendas
para estos pies humillados,
no existe una sola esquina donde poder despistar
los cristales rotos de tu nombre.

Esta fotografía posee derechos de autor y pertenece a la célebre Anne Geddes
A mi madre
envuelta en los latidos en que dormía
antes de llegar al mundo.
Aún balbuceo tu nombre en las noches,
cuando las sombras dolientes
me visitan y me encojo,
tan pequeña
que podría caber de nuevo en tu vientre.
ni inviernos
que me alejen de la protección de tus ojos,
para los que nunca habrá distancias,
ni metas.
que separen de mi
lo que es tuyo,
y de ti
todo lo que soy
y llegaré a ser.

sueños de párpados aún cerrados
desgajando un segundo más
a la ilusión.
Son tantos los sinnombres que intentan
perpetuarse en el subconsciente,
abandonarse en la lluvia, subir al tejado...
Uno a uno se escapan
los diamantes del desayuno.
Este mes, el tema propuesto para la reunión mensual de Encadenados era "El desayuno". Este poema se ha inspirado en la película Desayuno con diamantes.


es la que espera unos labios
al final de la barra.
El cáncer más dañino
aguarda y anhela
El café más amargo
baila con la cucharilla en círculos
cuando las horas no llegan.


adoro la primera vez que me navegas.
Ascenso,
descenso de las olas que me delimitan,
curvas y cuevas sinuosas donde extraviar
los arcaicos mapas que guardas.
Aventurero capitán es tan fácil
precipitarte
al turbulento abismo donde caben tus ansias.
Exhausto a mis orillas llegas,
sonrío,
reconozco en tus labios
mi singular geografía salada.
Freddie Mercury y Monserrat Caballé - How Can I Go On
Freddie Mercury nos dejó el 25 de Noviembre de 1991. Sin embargo, su grandiosa voz seguirá entonando cada una de sus maravillosas composiciones a través de los años, porque tal artista, tal persona, jamás caerá en el olvido.
Eduardo Galeano, escritor uruguayo, dijo una vez "la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar."
Cada ideal, cada sueño por conseguir, se acompaña no sólo de ilusión sino también de una costosa fuerza de voluntad. Y es, precisamente en este punto, donde dejamos de ser fieles y persistentes soñadores con pretensiones para convertirnos en nuestros propios verdugos.
Distintas caras, distintos sueños rotos con un mismo encabezamiento: "una vez creí... una vez soñé..." sin llegar a reconocer la verdadera causa de ese pretérito infernal: "YO desistí". Y es que cuesta tanto atribuirse la culpa a uno mismo que no reconocemos como nuestras propias manos son las que ahora atan fuertemente esos pies que ya no avanzan.
¿En qué momento decidimos abandonar? ¿Existe un momento en el que el ideal se hace más fuerte que el propio individuo? ¿Es posible hallar felicidad en el acto de soñar con imposibles o tan sólo hallamos felicidad en aquellas metas que nos resultan más fáciles de conseguir?
En ocasiones, el propio sueño constituye un aliciente más en el camino del ser humano sin plantear, ni siquiera por un momento, su posible realización. El mero hecho de la existencia de lo que anhelamos constituye una causa para seguir avanzando.
Sin embargo, la persistencia, la tenacidad y la fe en uno mismo llevan, en ocasiones, a alguno de nuestros colegas de la especie a conseguir aquello que no se encontraba tan lejos, después de todo.
Y me pregunto, ¿le ha sonreído la suerte o ha tenido el valor para quitarse el negro sayo que cubría su cara?
El grito de Edvar MunchEl Grito
Y lo siento en el abismo distorsionado
de estas cuerdas de acero,
entre virutas hirientes que no aciertan
a crear una voz sin llanto.
Cada pieza metálica del pentagrama
corta el aire
sin remedio de entendimiento,
desgarradoras manos
que intentan recoger lo invisible
y se encuentran
un rostro desfigurado.
No existe la línea recta
entre la invisibilidad del grito
y el sordo dolor del alma,
tan sólo espejismos ondulantes
en un camino ensordecedor.
dirigen al placer,


Al enjaular en su nitidez
las alas de Fénix que posee la memoria,
al recoger las cenizas del pasado
y nacer de nuevo
a la experiencia envuelta en llamas,
se preguntará si la imagen
más preciosa del reino
se encuentra encerrada
en la realidad de su abrazo.
En primer plano, Natalia, mi hermana.
En segundo plano, mi imagen difuminada.
Autor: Qui Lee

