Confieso que quemaría los calendarios
del sueño y sus noches
para no ver los espejos rotos,
los reflejos de lo efímero
y los cuentos empolvados.

Confieso que enredaría
las sábanas a la garganta de tu recuerdo
en tanta ausencia a oscuras,
declarando la guerra a batallas perdidas
entre trincheras de olvido
y lágrimas en la recámara.

Confieso que vendería mis pasos
para no caminar sobre mojado,
para no retomar otro verso
mientras estés en cada letra presente.
De piel adentro, soy el mundo
Josefina R. Aldecoa
La fuerza del destino


Para decirte quién soy
no hacen falta los verbos ni los mapas.

Los pomos de cada puerta,
con las caricias que no he dado
te hablarán
de las que aguardan ser correspondidas.

En el camino que avanzo
se vislumbra la lucha entre un punto final
y los suspensivos,
el proyecto de un verso aún por escribir
y el miedo
a unas cenizas sin nombre
si me alejo del hogar.

Cuando el amor
no sea jamás ese paso huérfano en la nieve,
ni la reencarnación me lleve a los errores
cometidos en el pasado,
lograré delimitar mi silueta
para soltarla al viento,
para ser mi mundo.


No era la primera vez que caminaba por aquella senda cubierta de cenizas. Los pasos, tan acostumbrados, parecían confundirse entre las ruinas negruzcas de lo que hace tiempo se evaporó. Erguida sobre los nombres e imposibles que aún crepitan en las ascuas de la memoria, contempla el funeral eterno de lo que nunca podrá ser enterrado.

En un momento, los alísios hacen girar la llave que impulsa la huída. Mientras la ventisca continúe, intentará que las cenizas encendidas no le abrasen las escasos sueños que aún poseen sus alas.


Hace más de tres días que el gato negro pasea ante mis ojos. Se agazapa en las aceras, merodea mi puerta por el día y vigila la misma luna todas las noches. Su oscuridad atraviesa las retinas, araña el pensamiento y desvanece la razón.
Hace más de tres días que la caja de música no tiene voz. La bailarina solitaria da vueltas y vueltas, siempre con su misma sonrisa. Danza imaginando las notas que se fueron y no volverán, tan frágil, ingenua e ignorante, con su impoluto blanco roto, ensimismada en la nada.
Hace más de tres días que cerré la caja de música y olvidé darle cuerda al corazón. Desconozco su expresión ahora, ignoro si sus pies inertes siguen dando vueltas en la oscuridad. Quizás el tinte azabache que ahora la rodea le ha hecho olvidar la música, que desde hace tiempo, ya no escuchaba. Puede que haya guardado su ilusión en esas manos que ya no le dan la vida.
Hace tres minutos que el gato negro atravesó la puerta. Cerbero felino acechándome, sin tregua. Su mirada arañando sin piedad mi intelecto, desnudándome a la evidencia de abandonar esta larga espera.
Hace solo tres segundos que cesó mi respiración y aún siento su mirada bajo los párpados.
Un recuerdo. Un nombre: Pandora.

Esperanza

Cuando las dudas descienden a los prados,
besan los tallos y niegan la tierra,
es porque buscan empaparse en su verde.

Así como el rocío sueña con una mañana
incapaz de secarle la vida,
así el viento mece y conserva las hojas
en las pupilas del que la aguarda.


Aquellas aves volverán antes que yo.
Su libertad vespertina paseará sobre mi hogar
mientras el sol se desmenuza
lacrimoso
al final de las horas.

La nostalgia
se agolpa en unos talones sin retorno
devolviendo recuerdos del mar,
de redes en las que queda tejida la niñez.

Mi corazón tan lejos en el tiempo
hoy tiene minutos de arena,
la misma
que aún guardo en los bolsillos del recuerdo.
Para vosotros, los que estáis cada día.
MIS AMIGOS, MI ALEGRÍA.


Amicitia,
sin sauces
vacía de espinas te me entregas
entre cantos de Artemisa.

A ti
que duermes las nieves del dolor,
recoges mis cenizas antes de renacer
- de nuevo -
y me siembras esperanzas en las retinas

a ti
que me adormeces las fieras,
alimentas los años y guías sonrisas,
me acunas y despiertas

te canto
con afan de corresponderte.

Lo que más pesa es la nada entre los dedos,
las ruinas que se escapan por las aceras
y siguen aún de cerca
mis pasos.

No me quedan más vendas
para estos pies humillados,
no existe una sola esquina donde poder despistar
los cristales rotos de tu nombre.

Esta fotografía posee derechos de autor y pertenece a la célebre Anne Geddes

A mi madre


Aún gateo hacia tus brazos
envuelta en los latidos en que dormía
antes de llegar al mundo.
Aún balbuceo tu nombre en las noches,
cuando las sombras dolientes
me visitan y me encojo,
tan pequeña
que podría caber de nuevo en tu vientre.

No han pasado suficientes primaveras
ni inviernos
que me alejen de la protección de tus ojos,
para los que nunca habrá distancias,
ni metas.

No existen cortes, ni abismos
que separen de mi
lo que es tuyo,
y de ti
todo lo que soy
y llegaré a ser.

El día bosteza inalcanzables,
sueños de párpados aún cerrados
desgajando un segundo más
a la ilusión.

Son tantos los sinnombres que intentan
perpetuarse en el subconsciente,
abandonarse en la lluvia, subir al tejado...

Uno a uno se escapan
los diamantes del desayuno.

Este mes, el tema propuesto para la reunión mensual de Encadenados era "El desayuno". Este poema se ha inspirado en la película Desayuno con diamantes.
“La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada.”
Martin Heidegger. Filósofo Alemán




Las aceras comenzaron a llenarse de lágrimas. La superstición se hizo tan fuerte como para evitar el contacto con tal sentimiento líquido, y se cerró la ventana.

Era la hora de ese baile infinito de grises sombras presurosas, las que huían de un inevitable destino pasado por agua. El plomo que envolvía cada brizna de aire se difuminaba en esa niebla insípida que ahogaba los pulmones. En la lejanía, una tos.

Un coche de ruido cansado desangró el asfalto encharcado y humedeció el graznido contrariado de un fantasma bien vestido. No quedan sueños, sólo presentes pasados por agua. Las manos en los bolsillos, en ellos un pañuelo, en él un corazón. Quizás un latido. No, ya no. Esa blancura ya no retiene aquel particular aroma. R.I.P entre la lluvia.

Cuatro piernas femeninas con cabezas de prensa empapada crearon ecos metálicos y algún traspiés presuroso. Ese ahora que quedará desteñido sobre cabelleras asfixiadas en tintes, en las que no se distinguirá el color de un futuro. Demasiados años de obediencia, de caretas basadas en el agrado del prójimo. No queda tiempo. No quedan mariposas. Sólo se espera a los gusanos.

En la distancia, empapado, un lince escrutando al que todo esto percibe. Envuelto en su sequía, en su silencio, se congela la imagen en la retina gris del cazador cazado. El acomodado espectador del film, el supersticioso, el que cierra la ventana, ahora echa las cortinas.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
Joaquín Sabina










La copa más vacía
es la que espera unos labios
al final de la barra.
El cáncer más dañino
aguarda y anhela
ser fumado a medias.
El café más amargo
baila con la cucharilla en círculos
cuando las horas no llegan.
Por el amor de una rosa el jardinero es servidor de mil espinas
Proverbio hindú














La poderosa condena escarlata,
la que desarma cada noche esta coraza
se oculta entre dolorosos aromas,
ansía la vulnerable carne
que tras el acero se esconde.

La soberbia tortura carmesí,
la que impasible sostiene la espada damóclea
renace al rocío que vierten mis ojos.

Aunque no eres el pionero de estas aguas
adoro la primera vez que me navegas.
Ascenso,

descenso de las olas que me delimitan,
curvas y cuevas sinuosas donde extraviar
los arcaicos mapas que guardas.
Aventurero capitán es tan fácil
precipitarte
al turbulento abismo donde caben tus ansias.
Exhausto a mis orillas llegas,
sonrío,
reconozco en tus labios
mi singular geografía salada.

En respuesta a la tarea de este mes para el grupo de poesía que lleva por título Versos húmedos

Freddie Mercury y Monserrat Caballé - How Can I Go On

Freddie Mercury nos dejó el 25 de Noviembre de 1991. Sin embargo, su grandiosa voz seguirá entonando cada una de sus maravillosas composiciones a través de los años, porque tal artista, tal persona, jamás caerá en el olvido.

Utopías

Eduardo Galeano, escritor uruguayo, dijo una vez "la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar."

Cada ideal, cada sueño por conseguir, se acompaña no sólo de ilusión sino también de una costosa fuerza de voluntad. Y es, precisamente en este punto, donde dejamos de ser fieles y persistentes soñadores con pretensiones para convertirnos en nuestros propios verdugos.
Distintas caras, distintos sueños rotos con un mismo encabezamiento: "una vez creí... una vez soñé..." sin llegar a reconocer la verdadera causa de ese pretérito infernal: "YO desistí". Y es que cuesta tanto atribuirse la culpa a uno mismo que no reconocemos como nuestras propias manos son las que ahora atan fuertemente esos pies que ya no avanzan.
¿En qué momento decidimos abandonar? ¿Existe un momento en el que el ideal se hace más fuerte que el propio individuo? ¿Es posible hallar felicidad en el acto de soñar con imposibles o tan sólo hallamos felicidad en aquellas metas que nos resultan más fáciles de conseguir?
En ocasiones, el propio sueño constituye un aliciente más en el camino del ser humano sin plantear, ni siquiera por un momento, su posible realización. El mero hecho de la existencia de lo que anhelamos constituye una causa para seguir avanzando.
Sin embargo, la persistencia, la tenacidad y la fe en uno mismo llevan, en ocasiones, a alguno de nuestros colegas de la especie a conseguir aquello que no se encontraba tan lejos, después de todo.
Y me pregunto, ¿le ha sonreído la suerte o ha tenido el valor para quitarse el negro sayo que cubría su cara?
El grito de Edvar Munch


El Grito

Y lo siento en el abismo distorsionado
de estas cuerdas de acero,
entre virutas hirientes que no aciertan
a crear una voz sin llanto.

Cada pieza metálica del pentagrama
corta el aire
sin remedio de entendimiento,
desgarradoras manos
que intentan recoger lo invisible
y se encuentran
un rostro desfigurado.

No existe la línea recta
entre la invisibilidad del grito
y el sordo dolor del alma,
tan sólo espejismos ondulantes
en un camino ensordecedor.
Somos sentimientos
envueltos en piel y aún así
nos buscamos con los ojos el cuerpo,
ignorando los arpegios singulares
de la esencia.

Más de una vez nos tocarán el alma
danzarán acompasados
los mismos instintos.
Más de una vez caeremos sin remedio
en una jaula de apariencias
y ruinas internas.

Las más numerosas flechas
dirigen al placer,
que marca menos.
Algunas furtivas
bajo los dedos
nos llevarán al cielo para lanzarnos
desprevenidos
al suelo.

Sólo se concibe la distancia
cuando dos latidos dejan
de escucharse,
cuando las líneas continuas
separan los caminos.

Raudas las agujas destrozarán
la esfera cristalina
que una vez sirvió para unirnos,
aminoran eternas su ciclo
a medida
que se alejan los pasos.

Somos víctimas
de un hogar lejano
y de la casualidad del encuentro,
cómplices de una cita
que aguarda paciente
en el calendario.






Los espejos deberían pensárselo dos veces antes de devolver una imagen.
Jean Cocteau (1889-1963)
Escritor, pintor, coreógrafo.


Al enjaular en su nitidez
las alas de Fénix que posee la memoria,
al recoger las cenizas del pasado
y nacer de nuevo
a la experiencia envuelta en llamas,
se preguntará si la imagen
más preciosa del reino
se encuentra encerrada
en la realidad de su abrazo.


En primer plano, Natalia, mi hermana.
En segundo plano, mi imagen difuminada.
Autor: Qui Lee