Sabores
Asentada en pensamientos
disfruto de la suave bergamota
posada en mis labios.
Es tan dulce el intenso juego
entre lengua, paladar y anhelos,
tan asombroso el efecto cítrico
embriagando los sentidos.
Y cerca,
entre las manos comienzan a bailar otros mundos
acompasados por la vivaz energía de mis ojos.
Esas páginas de lugares remotos
narrando otras vidas que no son
pero podrían ser la mia,
otros rostros felices, sombríos, interesantes,
fugaces o intensos;
y yo ahí pero no en mi
y tú tras el cristal contemplando mi forma
pero sin saberme tan ausente como estoy.
Aún es pronto para conocer la parte de mi que se va
volando inmaterialmente,
la que corre sin miedo a buscar horizontes;
aún es pronto para retener algo más de lo invisible,
que es lo más esencial de este ser,
y se evade y se regocija a sus anchas cuando estoy a solas conmigo
pero sin parte de mi
y aún así,
pese a desvanecerme,
pese a desvanecerse,
los corazones bañados en vaho que en el cristal me dibujas
siguen latiendo.
El cuento del hombre invisible
Entonces ella dijo “nunca más” antes de cerrar su puerta. Con el motor encendido se alejó robando el último resplandor de la luna. Cuanto más se alejaba menos ropa tenía, menos lazos les unían, menos hilos le cubrían. Ella dijo “nunca más” y su voz fue como despertar a la muerte.
Dicen que desde hace años vaga sin ser visto. Empezó a perder su piel cual muñeco deshilachado tras la inminente partida. El “nunca más” desconsiderado que no reparó en esa puerta, aquella que tras cerrarse había dejado enganchada el alma de un ser humano, aquella que cuanto más se alejaba, más le consumía.
A Cova
tu corazón siempre guarda un billete de ida.
Tal vez,
como las margaritas al sol,
tus horizontes quedan marcados
al calor de los trenes,
entre los pasos de los aviones y
las alas de tus pies.
Tu patria se encuentra donde el amor
se ha detenido,
en una plaza,
un beso,
un recuerdo.
Porque eres tan libre como cualquier latido,
el que un día se dejó olvidado
en un mirador,
en un momento.
¿Acaso el alma de los violonchelos desaparece
al romperse una de sus cuerdas?
Auguste Villiers de L’isle-Adam
Vera
Somos la eterna tentación inconsciente del tiempo,
el anhelo más voraz de Cupido y
los delgados, sutiles
hilos de la atracción entre lo afín
hasta el fin.
Tenues melodías d’amour en la alcoba
dulcemente desgarradoras,
acordes de hoy,
de ayer,
como un cofre abierto en el desierto.
En un momento,
el fino hilo del instrumento muere en las sombras…
el corazón amante no olvida la melodía
y sigue tarareando.
Significado del poema (ante las dudas de algunos lectores): la belleza del amor no finaliza tras el desengaño, tras la ruptura. El corazón que sabe amar, que siente, transmite y capta el amor, lo encuentra más fácilmente. Así como la belleza de un instrumento no finaliza al romperse una de sus cuerdas, el amor no pierde su belleza tras algunos acordes malsonantes.
como particular tatuaje
Soy una mitad escalando montañas,
la eterna unidad con paso firme
sobre un asfalto bañado en arenas movedizas.
Soy el ansia permanente de la llama
por extinguirse al calor eterno,
unas manos de arcilla secas
de solo perfilar ausencias y el recuerdo constante
de unos pasos
a veces compartidos.
Soy un inmortal pedazo de mí
que sigue muriendo
día a día,
un intento por mudarme de piel
para no sentir esas caricias con nombre
hoy tan ausentes.
Soy las lágrimas verdes del sauce replegado
sobre sí mismo
ajeno a compadecerse,
el firme y continuo mordisco a la vida
llevando en sus dientes numerosas derrotas.
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».
Sonatina. Rubén Darío.
Dame tus ojos tristes esta tarde,
tus pestañas, párpados y ausencias,
los extraviados en el azul
de ese mar perdido tan adentro,
inalcanzable para el afán de acunarlo,
mecerlo y dormirlo en los brazos.
Aún tienes corazón,
dices,
no dudes si sabes de sus latidos lentos,
seguros...
Dame tus ojos tristes dijiste,
ahora cuando pretendes abandonarlos al infinito
por no volcarlos en lo que ya no ves,
mientras suena la Sonatina desde lo más profundo
de los labios:
"La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?"
y el recuerdo de Darío en el aire
como un halo persiguiendo a esta sombra
a través del tiempo.
Los labios exhalan sentimientos de aire
mortales
al momento de nacer,
y esos
..."suspiros se escapan de su boca de fresa",
sin remedio para la instantánea...
y lo invisible se vuelve hermoso
al letargo de la tarde,
y la sal en el viento no mortifica las heridas,
las alivia y calma.
La tristeza es bella al compás de las olas,
el renacer de la sonrisa se acerca
en la llegada ardiente
del vuelo de Fénix.
Mientras en el abismo del tiempo
permanezcan tantas historias encerradas
entre dos cubiertas,
aún habrá vida tras lo vivido,
pues allí quedará el testigo de la buena letra
en aquellos corazones latentes
que ceden su relevo inmortal
cada vez que se pasa una página.
La Buena Letra, librería situada en la C/ Casimiro Velasco, 12, Gijón.
Y tras esto, aquel ancho y largo túnel.
En ocasiones lo efímero resulta afortunado. En un corto espacio de tiempo, de vida, se experimenta todo por primera y última vez. No existen los recuerdos, ni malos ni buenos, la intensidad del momento embriaga cada uno de los sentidos para descubrir la magia del instante. Las mariposas son hermosas aunque perezcan al final del día; ver la fortuna en sus alas tan sólo depende de la perspectiva de aquel que las mira. Desde la suya, eran los seres más afortunados.
Desconocer el miedo y su significado, no dudar, no temer (miedo de nuevo) al mañana, a que el pasado regrese, a que las sombras renazcan; no herir ni resultar herido, no llorar… no llorar más, o llorar solo una vez porque sólo hay un único momento para experimentarlo, ahora o nunca, porque el aleteo de la mariposa se apaga con el nuevo día. Se preguntó si las mariposas podrían o no llorar y se imaginó un mundo sin lágrimas, sólo por unos segundos, y fue feliz al vislumbrar la belleza de lo efímero.
Ahora sus años reposaban en aquella prisión infernal, con cada una de sus noches y sus días, y quiso probar a ser libre y efímera por una vez en la vida. Mientras caía desde lo alto probó a abrir sus alas rotas… mariposas… sonrió… su último sol salió antes de llegar al suelo.
anunciando tormenta.
Así se deshizo cada flecha de febrero,
como en las ondas de cada charco
se observa aún
el resquicio de alguien que no se ha ido del todo
pero que está abocado a desvanecerse.
Ahora las alas de la migración
volvieron para hacerme partir
a través de los pedazos desgajados del Edén.
ahora que la nada me muerde,
Hoy lo sé.
Sé que abriste por vez primera los ojos,
los dueños de la luz de esta vida
años más tarde,
que entre pasos inexpertos
llegaste a otros brazos protectores,
mientras el tiempo
indicaba esta parada anclada en los míos.
Porque me ha tocado vivirte ahora
cuando han pasado tantas estaciones
desde tu primer llanto,
ahora que me unes a ti más hombre que nunca
para que espante tus miedos,
te seque las pestañas y sacuda tu alma
de sueños rotos,
para que te acune en mis brazos
cada noche
hasta dormirte.
eran sólo sombras,
temor a un pecho descubierto
sin escudo ni excusa para defenderse,
me vi renacer en tus brazos.
Hoy
más cerca de ti que nunca,
lleno cada bolsillo del corazón
con un día más para verte,
anhelando ser la silueta que busquen tus ojos
y ansíen tus manos desnudas,
porque no existe un lugar donde no estés grabado
ni una ausencia
de la que no me salve tu nombre.
retales del corazón,
sueños deshilachados
cayéndose de las mangas,
derrotas dormitando en cuadernos
y sombras
para arroparse.
que te he grabado a fuego y estás

tatuado en mi espalda,
profundo,
haciéndote sentir entre aguja y tinta,
dolor y marcas
hoy
que te hundes en mi piel,
liberas la cárcel de mis recuerdos
y los unes a ti,
a tu paso donde todo se va,
perece y se esfuma
hoy
que lo único que pasa eres tú
progresivo,
eterno.
En respuesta a la última tarea propuesta por el grupo Encadenados.Gijón: "Tiempos muertos"
se me cansa el corazón
de latir sin tu nombre.
Ahora
que podría romperme sin exhalar
una flor escarlata,
que podría respirar para morir
día a día
entre desiertos,
desconozco
como llenar un alma
que por más vacía,
más pesa.
del sueño y sus noches
para no ver los espejos rotos,
los reflejos de lo efímero
y los cuentos empolvados.
Confieso que enredaría
las sábanas a la garganta de tu recuerdo
en tanta ausencia a oscuras,
declarando la guerra a batallas perdidas
entre trincheras de olvido
y lágrimas en la recámara.
Confieso que vendería mis pasos
para no caminar sobre mojado,
para no retomar otro verso
mientras estés en cada letra presente.
Josefina R. Aldecoa
La fuerza del destino
Para decirte quién soy
no hacen falta los verbos ni los mapas.
Los pomos de cada puerta,
con las caricias que no he dado
te hablarán
de las que aguardan ser correspondidas.
En el camino que avanzo
se vislumbra la lucha entre un punto final
y los suspensivos,
el proyecto de un verso aún por escribir
y el miedo
a unas cenizas sin nombre
si me alejo del hogar.
Cuando el amor
no sea jamás ese paso huérfano en la nieve,
ni la reencarnación me lleve a los errores
cometidos en el pasado,
lograré delimitar mi silueta
para soltarla al viento,
para ser mi mundo.
En un momento, los alísios hacen girar la llave que impulsa la huída. Mientras la ventisca continúe, intentará que las cenizas encendidas no le abrasen las escasos sueños que aún poseen sus alas.





